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Modo hacer vs. Modo ser

El libro “El camino del Mindfulness”, de John Teasdale, Mark Williams y Zindel Seagal, creadores de la Terapia Cognitiva Basada en Mindfulness (MBCT), describe en los siguientes términos la diferencia entre lo que denominan el modo orientado a la acción (modo hacer) y el modo abierto a la experiencia presente (modo ser), otra forma de definir la práctica de la atención plena.

MODO HACER

El modo hacer implica vivir la mayor parte del día con el piloto automático encendido mientras se realizan diferentes acciones: caminar, conducir, comer, e incluso a menudo, comunicarnos, sin una conciencia clara de lo que estamos haciendo. La acción se pone en marcha de manera automática cuando se detecta una diferencia entre lo que tenemos y lo que queremos. Nos centramos exclusivamente en nuestros objetivos y perdemos de vista el presente, que empieza a desdibujarse.

El modo orientado a la acción se basa en el pensamiento. Pensamiento sobre las experiencias que se viven, las emociones y pensamientos que éstas producen, y sobre el tipo de persona que uno es como consecuencia.  Pensar se convierte en la actividad principal y la mente está ocupada la gran mayoría del tiempo, lo que produce una desconexión de la experiencia presente y una relación indirecta con ella a través del pensamiento.

Para alcanzar nuestros objetivos nos embarcamos en un viaje mental a través del tiempo, hacia un futuro que queremos que se produzca de una manera determinada, o hacia el recuerdo de un pasado del que queremos extraer información. Al hacer esto, la atención se desvía del presente y nos priva de la capacidad de experimentarlo de manera consciente. Una atención excesiva al pasado se relaciona con la depresión. Y una atención constante al futuro conduce a menudo a experimentar miedos y ansiedad.

La reacción automática a una experiencia desagradable suele ser plantear un objetivo que nos permita evitarla, dejarla a un lado o eliminarla. La evitación de la experiencia es la base de los patrones de pensamiento que mantienen las emociones no deseadas.

El modo hacer se centra en el cambio, en la diferencia entre las cosas “como son” y nuestras ideas sobre “cómo deberían ser”. Esta actitud puede llevarnos a considerar que la situación no está nunca a la altura de nuestras expectativas, lo que puede generar una carencia básica de afecto hacia nuestra experiencia y a hacia uno mismo.

El modo orientado a la acción tiende a considerar lo que pensamos sobre las cosas (juicios) como si fueran las cosas en sí. Sin embargo, un pensamiento no es más que un fenómeno mental, con un grado de realidad muy diferente a la experiencia en sí. Del mismo modo que el mapa no es el territorio o que el menú no es la comida, los pensamientos no son necesariamente parte de la experiencia presente y tampoco son siempre descripciones adecuadas de la situación a la que se refieren.

El modo hacer, y su orientación a los objetivos, hace que nuestra atención se dirija de manera constante al futuro –el objetivo- y al pasado –aquello que queremos cambiar o evitar- de una manera tan unidireccional que puede llegar a excluir incluso nuestra salud y nuestro bienestar y agota nuestros recursos internos y nuestra energía.

MODO SER

El modo ser es, especialmente al principio, intencional y no automático. Esto implica la capacidad de elegir la próxima acción, en lugar de mantenernos dentro de la comodidad de la rutina. Esta actitud permite permanecer en el momento presente y ser más consciente de las experiencias a medida que se producen.

El modo ser produce una conexión con la experiencia sin intermediación del pensamiento, la sentimos y nos relacionamos con ella de manera directa, lo que permite disfrutar de la riqueza y los matices del momento presente.

En el modo ser, la atención está centrada en la experiencia presente, tal y como aparece momento a momento, abierta a lo que vaya a suceder. Pueden aparecer pensamientos sobre el pasado y el futuro si la experiencia presente lo requiere, y se viven como parte de ese presente, cuando corresponde, sin involucrarnos en exceso con la información que recordamos o proyectamos y sin revivir momentos que ya han sido o que puede que nunca lleguen a ser.

El modo ser permite entrar en contacto con cualquier experiencia que surge en el presente, incluso las que no resultan de entrada agradables, con una actitud de curiosidad y respeto que permite relacionarse con ellas momento a momento.

El modo ser implica una actitud de aceptación de quiénes somos y de nuestras circunstancias, lo que permite que podamos sentirnos satisfechos con nuestra experiencia, aunque no resulte especialmente agradables o no esté en todo momento a la altura de unas expectativas que a menudo son irreales.

El modo ser implica experimentar los pensamientos como parte del flujo mental, en un nivel similar a las sensaciones táctiles, auditivas, visuales o gustativas. La práctica del Mindfulness permite cultivar la capacidad de percibir los pensamientos como procesos mentales que entran y salen de la experiencia consciente. De este modo, disminuye su capacidad de afectarnos emocionalmente o controlar nuestras acciones, lo que se traduce en una sensación de alivio y de libertad.

El modo ser permite tomar conciencia de lo que nos rodea y equilibrar nuestros objetivos con nuestras necesidades y las de las demás personas. Se centra en valorar la calidad del momento presente en lugar de centrarse exclusivamente en un objetivo futuro –un pensamiento- que puede que nunca se concrete tal y como lo hemos imaginado.

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